Saltar al contenido.

“Agriculturizando” El antifaz del Carnaval

Por: Gabriel Márquez Zamora

Anteriormente dije que el hombre se inmortaliza con sus prácticas artísticas y en su afán de expresar su naturaleza emotiva llega a traspasar los años y queda eternamente plasmado en prácticas místicas, ¿Pero es el carnaval una muestra folclórica o un modo libertino de despertar los más bajos instintos del hombre? ¿Celebración o mercadotecnia? ¿Fiesta pagana o religiosa?
Recuerdo que en la escuela decían que significaba “carne que navega” si se castellaniza “carne”-“naval”. Según un término romano “carrus navalis” por el Dios de la vegetación y la sexualidad, conocido como Baco, quien llegaba del mar en un suntuoso carro alegórico. También hay un significado italiano “carnevale”, que se refiería a que “se vale comer carne” o “se puede comer carne” y cuando se quiso Cristianizar en el Medievo se modificó el significado a “adiós a la carne”. En la cultura celta “Carna” es la diosa de las habas y el tocino, conectada con fiestas indoeuropeas, dedicadas al dios “Karna” (Mahabhárata siglo III a. C. texto épico-mitológico de la India) hermano mayor de los Pándavas, hijo del dios del Sol y la reina Kuntí. Pero en culturas milenarias como la Sumeria ya se hacían celebraciones que no tenían un lazo con ninguna religión.
Hoy es una fiesta popular y su término se aplica a otro tipo de celebraciones que no necesariamente están situadas al tiempo de las carnestolendas, Periodo que comprende los tres días anteriores al miércoles de ceniza o tiempo previo a la cuaresma, pero comparten elementos similares, tales como los desfiles de las comparsas. En países como Argentina, Brasil y Uruguay se celebra el desentierro y el entierro del diablo, en Bélgica desde el siglo XVI salen a las calles unos personajes denominados “gilles” ataviados de trajes tradicionales y lanzando naranjas rojas a la multitud. En Bolivia la gente se disfraza de diferentes personajes famosos y se hace una gran gala de bailables típicos de la región, sin duda alguna uno de los carnavales más famosos a nivel mundial es el de Brasil, donde al sonido de la Zamba, frevo, salsa, cumbia, merengue, flamenco e incluso danza árabe, lucen vistosas vestimentas y diminutas prendas provocativas en hombres y mujeres. En Cuba son fiestas multitudinarias practicadas en verano desde 1585, en la época colonial. En China se hacen celebraciones con juegos pirotécnicos y danza de dragones. En la mitología griega se alababa a Dionisio Dios del vino y la alegría.
Se pueden enumerar cada país y sus diferentes prácticas, en todas ellas se hace uso de las máscaras, por alguna extraña razón, este accesorio sirve para cubrir algo más que la pena, los antifaces dan pauta a sacar un lado pícaro en los bailarines, es el carnaval una muestra de alegría, festividad y tributo, la antesala a la cuaresma, en algunas religiones, es el descarrile de la sociedad, ¿Pero, a qué punto deja de ser alegórico y se vuelve mercadotecnia? He tenido la dicha de estar en diferentes carnavales, donde se admira una coreografía elaborada con un sequito de bailarines de hermosas vestimentas llenas de color, bordados artesanales y máscaras majestuosas, también donde empresas cerveceras promueven su producto y distorsionan la festividad, industrias refresqueras impulsando su mercancía, edecanes que dejan poco a la imaginación y gente que tergiversa el festejo. ¿Hombres que se visten de mujeres? ¿Bordados de caricaturas e imágenes religiosas?
Extrañas modificaciones de lo que antes era una mofa, en todas estas prácticas existen justificaciones, pero se debe dejar en claro que “amigo de muchos, amigo de ninguno” o como dicen “al que a dos amos atiende con alguno queda mal”. Siempre he estado en contra de pertenecer a una marca, de etiquetarme a un producto, la individualidad de la gente se pierde, formamos parte de una economía visiblemente empresarial, dejamos de lado nuestra esencia y pasamos a formar parte de las masas, nos embobamos por un cilindro, una playera y una gorra, somos anuncios permanentes de instituciones S.A. de C.V. sabemos qué artista se presentará en el cierre del carnaval, cuánto cobrarán en las tarimas, quién patrocina el desfile, pero sabemos el trasfondo de la celebración, tenemos claro que estamos involucrando la emoción con la tradición. ¿Todavía se sabe de dónde viene esta festividad en nuestro país y en nuestro estado? ¿Qué cara se oculta bajo el disfraz de un carnaval, cuál es el antifaz del carnaval? Recordemos que la cultura es una herramienta para crecer, para expresarse, enriquecerse, pero no para enriquecer ($) la cultura es un hábito compartido. Como siempre me despido saludándote a ti querido lector, dejando mi correo gpegabrielmaza@hotmail.com para dudas o sugerencias.

Deja un comentario

A %d blogueros les gusta esto: