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Padecen artesanas discriminación laboral

Alina Mila Fernández | Cultura.
En el marco de la conmemoración del Día Internacional de la Mujer, la artesana otomí no es reconocida, su trabajo pasa desapercibido y es poco difundido.
Cabe reconocer que este sector en este municipio conserva diversas tradiciones y costumbres, y se esmera día a día para confeccionar sus productos, los cuales no son remunerados de la manera que las artesanas quieren, lo que deja un mínimo margen de ganancia.
Las artesanías de pepenado, la gastronomía de maíz, bisutería de semillas y venta de semillas es el oficio de la mayoría de mujeres de este municipio, ya que generan ideas e imágenes que reflejan en sus productos, situación que los compradores no toman en cuenta; además que es imposibles competir con el mercado nacional e internacional, en el que se hay opciones “más económicas” de arte. Y es que el pueblo otomí ha superado el paso del tiempo al conservar sus creencias y costumbres.
El principal motivo es porque ni los compradores locales toman mucho en cuenta ni valoran la artesanía de estas mujeres indígenas, situación que las propias productoras lamentaron.
“Las personas que más valoran la mercancía son turistas nacionales e internacionales, ellos pagan lo que en realidad cuesta el trabajo de hacer un bordado o cualquier otra artesanía”, dijo una vendedoras local.
Además aseguró que las personas de la propia comunidad no valoran que estos productos no son sólo material, sino objetos simbólicos y significativos de una cultura con identidad propia, llena de expresiones artísticas, en la que las formas y colores adquieren vida al ser apreciadas y valoradas.
Impreso Huamantla, tomó algunas de las opiniones de este sector.
Guadalupe Baltazar Rojas comento que casi toda su vida se ha dedicado a confeccionar artesanías; narró que inició “cuando tenía nueve años, cuando observaba a mi tía. Se ponía a bordar todas las tardes, para después junto con mi madre armar camisas y blusas de pepenado para venderlas en Puebla, además de semillas como pepitas y huesitos y de esta manera obtener unos pesos para vivir”.
Explicó que el bordado de pepenado es tradicional de este municipio, y que vale más es el trabajo que el material, “pues depende de la complejidad de la figura”.
Asimismo, dijo sentirse satisfecha porque ha realizado diversos viajes en los que ha representado a Tlaxcala; y ha recibido varios reconocimientos, aunado a que su trabajo ha sido fotografiado y publicado en diversas revistas nacionales e internacionales.
Por su parte, María Guadalupe Gaspar Alonso indicó que las mujeres otomíes desde pequeñas aprenden a bordar el pepenado y en chaquira, además de hacer bisutería con semillas, confeccionar y bordar los ceñidores.
Además de preparar los alimentos en cocinas de humo como parte la tradición y el baño de temazcal.
Lamentó que muchas veces la gente no reconoce su trabajo, “a veces la sociedad da prioridad a la política o empresaria y no reconocer a la mujer que es luchadora social en su propio medio, en su propia comunidad”.
“Es lamentable que la sociedad dé prioridad a la mujer política o empresaria y no reconozca a la artesana, que es luchadora social en su propio medio, en su propia comunidad” Guadalupe Baltazar Rojas, Artesana otomí.

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