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Diabetes: reflexiones

Q.F.B. Lorenzo Reyes Pérez
Educador en diabetes

La diabetes es una enfermedad tan antigua como la humanidad. Se encuentran registros de ella en un documento, el Papiro de Ebers, que data de 2000 años antes de Cristo. Sin embargo, es durante la primera mitad del siglo pasado cuando la diabetes comienza a aparecer como un padecimiento cada vez más frecuente.

Hay muchos factores que parecen tener una parte importa en el desarrollo de la diabetes; pero el cambio en el estilo de vida de las personas es determinante. Es decir, la forma de alimentarse y la actividad física que realizan.
Con respecto a la alimentación, la “comida casera” tan sabrosa como nutritiva ha cambiado (para mal) de una manera muy radical. Nuestras mamás pasaban una buena parte del tiempo del día en la cocina preparando la comida. Los alimentos los adquirían en el mercado con las “marchantas”, en la carnicería, en la tienda de la esquina; las especias para darle sabor, como el epazote, tomillo, romero, cilantro, etc. Lo tenían en el jardín o en las macetas.
A las sopas, aunque de pasta, les agregaban verduras y caldo de pollo o de res. El consumo de carne, no era cotidiano, sino una o dos veces a la semana. En nuestro medio rural, la mayoría de las casa tenían patio y ahí algunas señoras tenían un pequeño gallinero que proveía de carne y huevos. Cuando se adquiría carne de res o cerdo, el ama de casa pedía un hueso para el caldo. Las leguminosas, (frijoles, habas, ayocotes) eran cultivadas en la región y no faltaban en el menú diario. Las tortillas de maíz criollo, que en algunas casas se elaboraban nunca faltaban.
Y para completar nuestro alimento diario, se tomaba agua natural.
Y qué decir de la actividad física. Para desplazarse dentro de la población o para ir a poblaciones cercanas, lo hacia uno a “pata”. La mayor parte de las actividades físicas implicaba un gasto importante de energía, se usaba fuerza muscular; incluyendo los juegos de los niños, donde corrían, saltaban, además de que socializaban.
Pero actualmente las cosas han cambiado. Nuestra alimentación ha adoptado otro tipo de “alimentos”, si se le pueden llamar así. La industrialización y comercialización de todo lo que implique una ganancia de dinero, sin importar el daño que se pueda hacer, ha empobrecido y perjudicado lo que nos llevamos a la boca para seguir vivos y sanos.
Los alimentos primitivos se ha sustituido con productos que incluyen azúcar refinada, harina blanca, leche condensada, alimentos enlatados, chocolate, mermeladas y pasteles, y el daño no se ha hecho esperar.
Ahora el uso de automóvil o el transporte público es más frecuente; los pasatiempos de los niños son ahora de “maquinitas”, o de pasar más tiempo en la computadora, celular o “tablets”. Si uno tiene automóvil en lugar lavarlo uno mismo, lo llevamos al lavado de autos, y hasta desodorante le ponen.
Qué decir de las amas de casa que ahora su despensa la puede adquirir ya que solo basta hacer una llamada por teléfono, para que ir al mercado o a la tiendita de la esquina. Qué decir de la comida chatarra, no la llevan hasta nuestro domicilio en menos de 30 minutos.
Si esas todas esas actividades que requieren de un esfuerzo e implican un gasto de energía, calorías dirán los estudiosos, nosotros nos las ahorramos, no las “quemamos”, ese excedente de calorías que no gastamos, las almacenamos como grasa; en los lugares ya conocidos: papada, brazos, abdomen, glúteos, piernas; con el consabido daño a la salud. Es decir, No en vano se ha dicho en tono sarcástico: “la obesidad es la madre de muchos males”. Diabetes, hipertensión, problemas del corazón, varices, esterilidad, alteración de los lípidos, baja autoestima, etc., etc., etc.
Se dice, tristemente que de cada diez personas con obesidad, nueve desarrollarán diabetes. Pongamos nuestras barbas a remojar.
Comentarios, sugerencias, dudas:diabtlax@hotmail.com

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