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ANECDOTARIO

Q.F.B. Lorenzo Reyes Pérez: Educador en diabetes.

Hace ya algunos años, treinta y tres para ser exactos, recién me había instalado en esta ciudad; me sorprendió la gran cantidad de personas afectadas de diabetes que acudían al laboratorio para hacerse la prueba del “azúcar” y que me hacían muchas preguntas. Las más frecuentes eran: ¿Qué puedo comer? Si tuviera hijos, ¿Desarrollarán la diabetes? ¿La diabetes se cura? ¿La diabetes se controla? ¿Por qué estoy adelgazando? ¿Por qué me quedo con hambre? ¿Cuántos años más viviré con esta enfermedad? ¿Por qué me sucedió a mí?
No era difícil llegar a la conclusión de que ellos tenían la urgente necesidad de saber todo lo relacionado con la enfermedad, pero no solo los pacientes, sino también los familiares que con ellos convivían. Durante un tiempo rondaba por mis pensamientos que algo habría que hacer para contener esta necesidad de respuestas.
Así que un buen día platicando con un médico de la localidad le hice el planteamiento de la inquietud de los pacientes y su respuesta fue: “pero vamos a matar a la gallina de los huevos de oro”
Esta contestación me desconcertó totalmente y no supe si lo dijo en serio. Las frases de la respuesta fueron poco a poco se me fueron olvidando; nunca las aclaré. Pero si aun hoy quisiera salir de la duda, ya no sería posible porque el médico murió ya hace algunos años a consecuencia de una complicación de…!diabetes¡
—*—
Recién habíamos iniciado las sesiones semanarias del grupo de autocontrol de diabetes y la asistencia comenzaba a ir en aumento, algunos pacientes acudían solos, otros se hacían acompañar de algún familiar; la esposa o el esposo, según quien tuviera el padecimiento.
Llamo mi atención ver a dos mujeres que se incorporaron al grupo, madre e hija, según supe después. Acudían puntualmente y siempre estaban muy atentas tomando nota de todo lo que les parecía importante. Qué decir de la sesión de ejercicios, los cuales hacían con mucho empeño y ganas.
Un día les pregunté que quien de las dos tenían diabetes: ninguna, para mi sorpresa esa fue la respuesta. Nosotros no tenemos la enfermedad, quien la tiene es mi papá, me dijo la joven; por mas que le insistimos el no quiere venir, si le insistimos se enoja mucho con nosotras. Así que decidimos venir para aprender lo que aquí se dice y en la casa enseñarle. Poco lograron.
Después de algunos meses ellas seguían asistiendo solas a nuestras sesiones semanales. No se daban por vencidas. Los demás integrantes del grupo nos acostumbramos a su presencia y a su participación, a su toma de notas, a su empeño en los ejercicios y a las preguntas con que nos bombardeaban frecuentemente.
Un buen día me llamaron de un sanatorio para que se le realizaran estudios de laboratorio a un paciente que estaba hospitalizado. El paciente era un señor como de 55 años aproximadamente. Había sufrido un coma diabético. Era el esposo y el papá de las esforzadas mujeres de nuestro grupo.
Para su fortuna salió bien librado de ese trance. Después de unas semanas de recuperación se presentó al grupo acompañado de su esposa e hija. Nos dio mucho gusto y lo recibimos con alegría. Una vez más quedo demostrado que las mujeres son más valientes y se preocupan por la salud de los miembros de la familia.
Como dicen en mi rancho:
”Le llegó la lumbre a los aparejos”
Se había consolidado ya nuestro grupo de apoyo a los pacientes y teníamos una asistencia regular de 15 personas. La mayoría de los asistentes eran mujeres, son más valientes y decididas que los hombres, ya los hemos señalado.
Un día llegó un paciente del género masculino, como de 35 años, más bien fue guiado por una persona más joven ya que el paciente había perdido la mayor parte de su capacidad para ver; tenía Diabetes Mellitus tipo 1, la que anteriormente se llamó Diabetes Juvenil y su control de las cifras de azúcar no era muy bueno, por lo que ya le estaban aplicando Insulina.
El paciente por esas condiciones, ya presentaba una de las terribles complicaciones de la diabetes, la Retinopatía Diabética, y que ha decir de él mismo, estaba perdiendo la vista y que solo percibía sombras (las silueta de las personas y los objetos). Debido a esta limitación en sus facultades había dejado su empleo.
En una de las consultas su médico le comentó que tenía que acudir al especialista de los ojos (oftalmólogo) para que le valorara y tal vez le aplicaran varias sesiones de rayos laser.
El paciente se aferró a la idea de que con este tratamiento volvería a tener su visión normal. Desafortunadamente debido a su difícil situación económica por ya no percibir ingresos y ya que carecía de seguridad social, el tendría que costear su tratamiento y estaba decidido a vender su casa.
Generalmente, el tratamiento no cura la retinopatía diabética ni tampoco suele restaurar una visión normal, pero puede retardar la progresión de la pérdida de la visión. Es decir es un tratamiento paliativo, doloroso y caro. Como el paciente pidió mi opinión, eso fue lo que le contesté.
Es muy triste enterarse de que a un paciente se le presente alguna complicación de la diabetes, ya sea insuficiencia renal, neuropatía, problemas de corazón o la retinopatía, como en este caso; pudiendo evitarlas o retrasarlas por un buen tiempo, únicamente llevando un buen control de las cifras de glucosa en sangre. Palabra que no es difícil. No volví a saber de él, seguramente perdió totalmente la vista, y por supuesto su casa.
La Diabetes es una enfermedad muy peligrosa por las complicaciones que se pueden presentar y que agravan el estado de salud, además de que afectan la vida familiar y deterioran la economía de las personas.
Si usted tiene diabetes, sobrepeso u obesidad, acuda con nosotros, podremos asesorarle. ¡ Dese la oportunidad, que pude perder¡.
Como parte de la labor de la Asociación Mexicana de Diabetes de Tlaxcala, A.C. acudimos a dar conferencias sobre diferentes temas de salud relacionados con diabetes, obesidad y nutrición.
Para comentarios o sugerencias por favor dirigirse a: diabtlax@hotmail.com

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