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NIÑEZ Y JUVENTUD AMENAZADAS

Q.F.B. Lorenzo Reyes Pérez: Educador en diabetes

De antemano ofrezco una disculpa a todas aquellas personas a quienes no les interesa leer comentarios sobre la diabetes, sin embargo, son tan abrumadoras que no queda más remedio que echarles un ojo y desilusionarse al no encontrar notas optimistas sobre esta calamidad que ya nos tomó la medida.
Dos artículos de reciente aparición en la avalancha de documentos que cotidianamente aparecen ya no solo en las revistas médicas especializadas, sino que se desbordan de esos ámbitos y llegan a las páginas de los medios de comunicación y me parecieron que valdría la pena comentar, no porque sean malas noticias, sino por las personitas a quienes afecta.
Si, esas personita a quienes me refiero son los niños. Uno de los mencionados artículos apareció en el periódico Milenio el día 16 del presente y con letras en negritas y entrecomillada nos enteraba: “La diabetes afecta cada vez más a los menores de edad”
La nota se originó en el seno de la 74 Sesión Científica de la Asociación Americana de Diabetes (ADA) en la que se discutía la importancia de cambiar las estrategias de combate a este padecimiento, ya que las que ahora se están aplicando no han dado los resultados esperados y los pacientes están reduciendo sus expectativas de vida veinte años.
La declaración de Juan Rosas Guzmán, ex presidente de la Asociación Latinoamericana de la Diabetes no puede ser más contundente:
“Los plazos se cumplieron y ya hay personas que están muriendo 20 años antes y son ahora los padres los encargados de enterrar o bien de empujar la silla de ruedas de sus hijos que sufren secuelas como amputaciones, ceguera, disfunción renal, eventos cerebrovasculares y afectaciones cardiacas”
La Federación Internacional de Diabetes, una organización no gubernamental, desde hace catorce años advertía en el sexto informe del Atlas Mundial de la Diabetes, que se debían tomar las medidas pertinentes para hacer frente a este padecimiento. La mayor parte de los países no hicieron caso a estas advertencias y ahora el mensaje que se nos da es “amargo”.
Si bien es cierto que la industria farmacéutica constantemente está poniendo en el mercado infinidad de herramientas para combatir esta “epidemia dulce”, como lo son tratamientos farmacológicos, insulinas o análogos de insulina de una sola aplicación, adminículos diversos, para la medición de las cifras de glucosa, además de que fomentan y organizan reuniones, cursos y congresos para la exposición de los trabajos científicos que se realizan en los laboratorios de investigación; sin embargo la batalla se está perdiendo.
Ahora son los niños y adolescentes los que se integran a las cifras de discapacidad y riesgo de perder la vida en corto plazo.
Siempre se ha dicho y así lo creo, lo mejor de un país son sus niños y jóvenes; y el panorama actual es muy desolador; vamos contra natura, los hijos están siendo enterrados por sus padres. Si antes el familiar asistente del adulto enfermo era uno de los hijos, ahora quien guía al invidente, quien lleva al centro de diálisis al enfermo es un adulto, su madre o su padre.
Hace algunos años cuando leí la declaración de un funcionario de los EU de la que la diabetes se había convertido ya en un asunto de seguridad nacional, pensé que era una exageración. Tiempo después en nuestro país, también se opinó lo mismo: asunto de seguridad nacional, ya que la diabetes pone en riesgo a nuestro país.
En esa reunión de expertos que se llevó a cabo en la Cd. de México congregando a 18 mil participantes de 110 países; Juan Rosas declaró que ese futuro “oscuro y devastador” ya llegó al país debido a los graves problemas de obesidad que enfrenta México, que obligan a establecer medidas extremas. A grandes males, grandes remedios.
Una de tales medidas extremas es hacer obligatoria las pruebas de glucosa cada seis meses a partir de los 18 años y, en caso de menores con obesidad, desde los seis años para mantener en condiciones óptimas los niveles de hipoglucemia causante de accidentes viales por fatiga y cansancio, muertes prematuras y comas. Los casos de niños con diabetes tipo 2 están aumentando; ahora las camas de los hospitales están siendo ocupadas por jóvenes diabéticos.
La otra mala noticia que amargo mí mañana fue la que leí en una cable de Notimex fechado el 17 de junio de este año y que entrecomillo: “El experto Javier García de Alba García dijo que en una etapa inicial la diabetes tipo dos en niños puede presentarse asintomática a diferencia de los adultos que llegan a experimentar datos sugestivos entre ellos el orinar con mayor frecuencia, tener más sed, y presentar presión alta”.
Si en un principio, cuando se iniciaba este siglo los expertos alertaban sobre una situación preocupante que se vislumbraba para un futuro no muy lejano con la obesidad y enfermedades colaterales, parecía exagerada, hoy que la estamos viviendo y que muchos aun no la creen, es verdaderamente catastrófica. Si nuestros padres hacían sus planes para nuestro futuro como ahorrar para que los hijos pusieran su despacho, consultorio, taller, etc., según fuera el caso, cuando terminaran su preparación. Ahora ¿cuáles serán sus expectativas para los hijos?
Por otra parte los gastos que se tienen que hacer por parte de los gobiernos y de los pacientes y sus familiares son estratosféricos. Casi todo el presupuesto que se destina en nuestro país al sector salud, se está gastando en la atención a las enfermedades no contagiosas: obesidad y todas sus secuelas.
Las voces discordantes a las que nunca se ha querido tomar en cuenta, siempre han señalado que la educación es el arma más efectiva y letal, además de económica contra esta problemática de salud. Pero ¿por qué no se diseñan planes educativos para atacar este problema?
¿Quién o quiénes son responsables de esta difícil situación que tiene amenazada la salud de la población? Todos somos parte del problema, así que todos debemos ser parte de la solución. Cada uno desde su lugar de acción. La población, la comunidad médica, la industria de alimentos, los laboratorios farmacéuticos, las autoridades.
Pero cuando leemos una declaración hecha a principios de año en internet (sinembargo.mx 25 de abril de 2014) donde se señala al culpable de esta situación especial que afecta a la salud de los mexicanos; “México vive situación “apocalíptica” por la diabetes, alertan activistas y ONGs; el Estado no hace su tarea; que nos queda esperar.
Pero dejemos hasta aquí las malas noticias y el pesimismo que traemos a cuestas. Este fin de semana una de las pacientes que acuden al Grupo de Autocontrol de Diabetes de la Asociación Mexicana de Diabetes de Tlaxcala, A.C. Auspiciado por Laboratorios Santa Raquel nos compartió su alegría. Después varios meses de haber aceptado y llevar a cabo las recomendaciones que se le presentaron, ha llegado al control de sus cifras de glucosa, a niveles normales ¡sin tomar medicamento alguno para bajar el azúcar! Me lo manifestó con una alegría contagiosa, vaya que si no, tremendamente justificada. Claro que Si se puede.
Si usted desea incorporarse a nuestro grupo no lo dude más; lo esperamos en Guerrero Nte. 109, es esta ciudad de Huamantla.
Comentarios, sugerencias o dudas: diabtlax.com

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