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COLESTEROL ¿El villano de la historieta?

Q.F.B. Lorenzo Reyes Pérez: Educador en diabetes

Para quien no es familiar la palabra colesterol. A mediados de la última década del siglo pasado se tomó como un sinónimo de enfermedad del corazón, sinónimo de infarto, prácticamente de una sustancia maldita asociada a enfermedad y sufrimiento. De inmediato se marcó la raya sobre la cantidad de colesterol que podía haber en la sangre: no más de 200 mg/dl. Bueno hasta hay un comercial en la tv que dice: “Colesterol, entre más bajo, mejor”.
Con una melodía muy rítmica y sumamente guapachosa que interpreta Fito Olivares “Se me sube el colesterol” se ha satanizado a esta sustancia química y nos la presenta como algo casi casi demoniaco. Y de una manera arbitraria y con un fuerte tufo mercantil se ha dividido al colesterol en dos entidades, una buena y otra mala. Colesterol bueno y por supuesto el colesterol malo. Aun en las revistas médicas no es raro encontrar las denominaciones de colesterol HDL el bueno y el colesterol LDL, o el colesterol malo.
Esto ha hecho del colesterol la pistola humeante de los últimos 50 años, y por supuesto se han satanizado a todos aquellos alimentos que lo contienen como grasas saturadas (manteca), huevos y carnes grasosas. Se le ha culpado de ser el causante de todas las enfermedades del corazón. Sin embargo hasta de 1950 no se hablaba de colesterol elevado, mucho menos de enfermedades cardiovasculares, es decir no la hacían cardiaca.
Todo este relajo y posterior locura del colesterol y las grasas se la debemos a un investigador, el Dr. Ancel Keys, quien en 1950 llevo a cabo un trabajo donde comparo la alimentación en seis países y llego a una conclusión: las grasas saturadas y el colesterol son los responsables de las enfermedades del corazón.
Muchos prefirieron ignorar un estudio publicado en 1964 por el eminente cirujano del corazón, el Dr. Michael E. Debakey que incluyo 1,700 pacientes con arterias endurecidas y cuya conclusión fue: No hay relación entre el colesterol de la sangre y la incidencia de aterosclerosis…” (Debakey, M. et al, Jama, 1964, 189:655-59). El análisis químico de un coagulo es aproximadamente 74% de grasas insaturadas, y una muy pequeña cantidad del colesterol
De pronto se empezó a ser familiar la palabra colesterol y la palabra grasa, las cuales fueron consideradas los peores alimentos que se podían consumir; nacía un nuevo mito. Fue tanta la influencia mercadotécnica que una portada de la influyente revista gringa Times en 1984 saca una fotografía de un plato con una carita triste hecho con un par de huevos estrellados y una rebanada de tocino a manera de boca, con un título “Colesterol, ahora las nuevas malas”
Tan solo por aparecer en la portada de la susodicha revista los huevos y el tocino desaparecieron de la mesa y por supuesto de la mayoría de los desayunos. Disque que por su alto contenido en colesterol se llegó a recomendar que solo se consumieran las claras, desechando la yema. ¡No más de 3 huevos enteros a la semana! ordenaban de manera frenética los nutriólogos y lo médicos; o si le es posible solo dos!
La Asociación Americana del Corazón de plano recomienda que la cifra de colesterol total no deba pasar de 200 mg/dl. En 2004, el “Programa Nacional De Educación En Colesterol” aconsejó niveles de LDL menores de 100 mg/dl o mejor aún, 70 mg/dl. Sin embargo la maquinaria ya estaba lista para sacar a la venta la medicina para bajar el colesterol, las famosas y carísimas estatinas. Y por su parte la industria de los alimentos también se frotaba las manos por que esta era una oportunidad de hacer grandes negocios, la moda de: “Light, Bajo en grasa, Sin colesterol; Evite manteca y mantequilla, Tome leche descremada, Coma menos huevo, Prefiera aceites poli insaturados” y más.
Pero nunca contaron que también había investigadores bien intencionados que buscaban la verdad, sin alterar sus resultados para favorecer a alguien.
Así, investigadores de la prestigiosa Universidad de Harvard, en un estudio de 14 años con 117.000 personas: NO encontraron relación entre el consumo de huevos y la arteriosclerosis. Los resultados fueron publicados en abril de 1999, en el Journal of the American Medical Association.
En la actualidad está más que demostrado que el colesterol no daña la salud ni causa enfermedades del corazón; el Dr. Ron Rosedale después de mucho tiempo dedicado al estudio de los efectos sobre la salud declara: El colesterol no es la causa de las enfermedades del corazón, mayo 28, 2005. La avalancha de estudios que abonaban a favor de la inocencia del colesterol es muy basta. Las Dras. Sally Fallon y Mary Enig , expertas en bioquímica de las grasas dan la puntilla al mito que ponía en el banquillo de los acusados al peligroso colesterol al afirmar: “El colesterol elevado, una enfermedad inventada” Fallon S. and Mary Enig. “Dangers of Statin Drugs: What you haven´t been told about popular Cholesterol –Lowering Medicines (Los peligros de las estatinas: Lo que no le han dicho del popular colesterol). La siguiente declaración es contundente y pone luz al asunto; si tiene elevados los niveles de colesterol, es debido a la inflamación; el colesterol está haciendo su chamba.
Inflamación y colesterol, ¿Cuál es la relación? Recordemos que la inflamación es un mecanismo natural del cuerpo en respuesta a las agresiones. El proceso es el siguientes: 1) Estrechamiento de los vasos (evita el sangrado. 2) Espesamiento de la sangre (facilidad de coagulación. 3) Activación del sistema inmunitario. 4) Multiplicación de células (reparación de los tejidos). 5) Formación de costra (placa, en las arterias).
Pero esta respuesta es inmediata y limitada, una vez repuesta la integridad y controlada la lesión, la inflamación desaparece. Hasta esta etapa el colesterol no ha entrado en escena.
Si el colesterol es una sustancia perjudicial para la salud, como es que forma parte importante de la membrana de todas las células y que forma parte básica de la estructura de muchas sustancias muy importantes e indispensables para el buen funcionamiento del organismo; hormonas, enzimas, ácidos biliares; esenciales para la memoria y la función neurológica.
De una vez por todas, que quede claro, el colesterol no es un enemigo para la salud. Si bien es cierto que hay personas cuyas cifras de colesterol están elevadas, pero en vez de bajarlo con medicamentos, habría que investigar cual es la causa subyacente que hace que se eleve. El problema se presenta cuando la inflamación se vuelve crónica, como en el caso de la obesidad. Por otra parte la medicina convencional está consciente de que la inflamación crónica puede provocar un ataque cardíaco; sin embargo concluyen que los niveles elevados de colesterol son la causa, no los daños a las arterias, lo cual los lleva a la locura del “bajar el colesterol”.
¿Cuál es el peligro de bajar el colesterol? Investigadores holandeses hacen público su trabajo en la revista Psichosomatic Medicine 2000,62: Niveles crónicamente bajos de colesterol están asociados con estados de depresión. Las cifras bajas de colesterol hacen estragos en la mente. El colesterol interviene en el metabolismo de la serotonina, esta es funciona como un neurotransmisor en: inhibición del enfado; inhibición de la agresión, temperatura corporal, humor, sueño, vómito, apetito y sexualidad. Investigadores canadienses encuentran en un estudio que reducir a un cuarto el colesterol total, aumentaban en 6 veces el riesgo de suicidio y además causa comportamiento violento y agresivo.
Finalmente y para no abrumarlos con tantas referencias en una revisión bibliográfica se encontraron cerca de 900 estudios donde se señalan los peligros de las estatinas, medicinas que se emplean…!para bajar el colesterol!. Las estatinas inhiben una enzima hepática necesaria para sintetizar el colesterol, no solo inhiben la producción de colesterol, sino también muchas sustancias intermediarias; algunas con funciones bioquímicamente importantes para el organismo.
Se ha relacionado a la aparición de diabetes con el uso de estatinas; además de que presentan un riesgo elevado para Cáncer y enfermedad de Parkinson. Son más los riesgos que los beneficios.
Para reducir la inflamación:
1. Consumir grasas animales altos en omega 3
2. Reducir o eliminar harinas y azúcar
3. Consumir en mayor cantidad alimentos naturales ( crudos)
4. Consumir grasas como: Aceite de oliva, Aceite de coco, Mantequilla, Crema, Quesos, Aguacate, Frutos secos, Semillas, Huevos (con yema), Carne de animales que pasten.
¿Cuál es la moraleja? Consulte a su médico de confianza y cerciórese de que este bien informado antes de que le prescriba cualquier medicina. Todas las dudas que usted tenga, se las debe aclarar. Recuerde que una mentira repetida muchas veces puede parecer una verdad. Acabemos con los mitos, infórmese y actué.

La Asociación Mexicana de Diabetes de Tlaxcala, A.C. le ofrece orientación en diabetes y en obesidad.

Para cualquier aclaración, comentario o sugerencia, favor de escribir: diabtlax@hotmail.com

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