Saltar al contenido.

El rincón filosófico, Nosotros los inmerecidos herederos del 68

Por: Mtra. Ana karen Monserrat Rojas Cuautle.
El movimiento estudiantil de Julio-Octubre de 1968 es un parte aguas en la historia del país. Por primera vez el pueblo, sin importar su clase social, empleo o ideología, caminó junto a los jóvenes que alzaban la voz frente a un gobierno totalitarista, al que un inocente enfrentamiento entre jóvenes del IPN y la UNAM les pareció el pretexto perfecto para violentar la autonomía de las universidades.
Estudiantes, amas de casa, obreros, médicos, intelectuales y campesinos marcharon durante cuatro meses para exigir libertad a los presos políticos y justicia a los asesinatos impunes. Sin embargo, cuando un gobierno ignorante carece de argumentos; las balas son su mejor aliado. El movimiento del 68 fue asesinado a sangre fría, en una emboscada donde la ignorancia y el miedo embistieron contra los sueños e ilusiones del pueblo hambriento de justicia. Nos queda para la memoria las imágenes de una Plaza de las Tres Culturas bañada en sangre, de los anfiteatros que no bastaban para albergar a los cadáveres, el frío silencio de los familiares mutilados emocionalmente y las madres que encabezan la marcha fúnebre de su hijo asesinado alzando la mano izquierda con la “V” de victoria que caracterizó el movimiento.
Han pasado más de cuatro décadas y es menester preguntarnos fuertemente qué hemos aprendido de ese movimiento, sobre todo si hemos sido dignos herederos de la lucha que a ellos, junto con su incipiente vida, les fue rebatada por las armas. Lamentablemente seguimos gobernados por el mismo partido, el PRI, al que no le ha importado derramar sangre en su búsqueda del poder, después de Tlatelolco, siguió Acteal y recientemente Atenco (operativo ordenado por el actual presidente de la República) nos parecen ridículos los manifestantes y señalamos como delincuente a quien cuestiona al gobierno.
Somos unos pésimos e inmerecidos hijos del movimiento del 68, nuestros padres –los jóvenes que murieron en Tlatelolco- sentirían vergüenza por nuestro miedo, el silencio, y la estupidez con la que febrilmente celebramos a Peña Nieto y su séquito de vándalos, les permitimos reformar la Constitución a placer, vender nuestros recursos naturales sin cuestionarnos. En Huamantla dejamos que Alejandro Aguilar se burle de nuestra feria, en las diversas coordinaciones tenemos como directores a personas ignorantes, ineficientes y pedantes, en la ciudad los servicios públicos cada día están peor y aún así asistimos al grito de Independencia y vitoreamos, cuando lo que deberíamos exigir es justicia.
Que sea este 2 de octubre una fecha que nos lleve a la reflexión, que el sacrificio de esos jóvenes no haya sido en vano. Ellos, al igual que Hidalgo, Morelos, Guadalupe Victoria, son padres de la patria moderna, héroes que no merecemos.

Deja un comentario

A %d blogueros les gusta esto: