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Huamantla: Se llevaron a tu hijo.

Por: Anakaren Rojas.
La historia de las normales rurales en nuestro país ha sido una historia de represión, persecución y asesinato. Estas instituciones surgieron en el México posrevolucionario (1922) como un lugar para formar profesores campesinos que educasen a los hijos de los campesinos, por las condiciones en las que se desarrollan la defensa de la educación pública y la igualdad social son sus banderas; en la actualidad uno de los requisitos de ingreso es no contar con los recursos económicos suficientes para estudiar en una institución de nivel superior oficial, es decir, ser pobre. En las normales rurales, los jóvenes se forjan un carácter de lucha social, pues ellos son testigos principales de la pobreza y desigualdad de comunidades donde ni los profesores del SNTE o de la CNTE llegan a dar clases.
Sin embargo sus justas luchas y honrosas peticiones no son vistas así por el gobierno, a quien cualquier cuestionamiento le resulta molesto. La fobia estudiantil de Díaz Ordaz le llevó a pensar que estas instituciones representaban un inminente peligro, pues eran los bastiones que formaban revolucionarios y comunistas por ende debían de ser combatidas, el genocida del 68 cerró 15 de 28 normales que habían en el país; hace muy poco vivimos un panorama similar, en 2010 Elba Esther Gordillo combatió nuevamente a las rurales afirmando que éstas deberían de fungir sólo como escuelas de turismo.
Insisto, el ataque a las normales rurales es continuo y violento. El último, del que Huamantla ha sido víctima, es el llevado a cabo el día 26 de septiembre por la policía municipal en Guerrero donde perecieron 6 personas (una de ellas torturada terriblemente) y, hasta el momento en el que escribo esto, siguen en calidad de desaparecidos 43 estudiantes de la normal rural de Ayotzinapa, entre ellos el joven huamantleco César Manuel González Hernández.
Otra vez, como hace 46 años en Tlatelolco, ser estudiante es un delito. La juventud por naturaleza es revolucionaria, soñamos con la posibilidad de un México menos pobre, equitativo y con mayor acceso a la educación, estos deseos no son sinónimos de delincuencia, al contrario deberían ser los pilares de la nación. Cuando un gobierno violenta a sus propios estudiantes, especialmente si en éstos se encuentra el deseo de ser profesores -artistas que moldearán a los mexicanos del mañana- el país no debe permanecer indiferente.
Desde este modesto espacio EXIJO ENÉRGICAMENTE LA APARICIÓN CON VIDA de los 43 normalistas de Ayotzinapan sobretodo DEL HUAMANTLECO CÉSAR MANUEL GONZÁLEZ HERNÁNDEZ, así como un ALTO A LA VIOLENCIA QUE SUFREN LAS NORMALES RURALES, cuna de profesores cuya vocación los lleva a ser más que un docente, ellos se convierten en campesinos, médicos, amigos de un pueblo que vive en condiciones infrahumanas. Mi más profundo reconocimiento a la familia González Hernández, especialmente a Brenda la hermana del desaparecido, por la fuerza que han mostrado en estos terribles momentos de angustia, desesperación y dolor, mi corazón está con ustedes.
¡VIVOS SE LOS LLEVARON, VIVOS LOS QUEREMOS!

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