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Receta de la felicidad

Q.F.B. Lorenzo Reyes Pérez: Educador en diabetes

Para comenzar, quiero compartir con ustedes, si me lo permiten, la siguiente receta para tratar de alcanzar la felicidad.

Ingredientes:
– 1 Kg. de Recuerdos Infantiles
– 2 tazas de Sonrisas
– 2,5 Kg. de Esperanzas
– 100 gr. Ternura
– 5 Latas de Cariño
– 40 Paquetes de Alegría
– 1 Pizca de Locura
– 8 Kg. de Amor
– 5 Kg. de Paciencia

Como se prepara?

a) Limpia los Recuerdos, quítales las partes que no sirvan, agrégales una a una las Sonrisas hasta formar una pasta suave y dulce.
b) Después añade las Esperanzas y permite que repose hasta que doble su tamaño.
c) Lava con agua cada uno de los paquetes de Alegría.
d) Aparte incorpora la Paciencia, la pizca de Locura y la Ternura.
e) Divide en porciones iguales todo el Amor y cúbrelas con la mezcla anterior.
f) Hornéalas en el horno de tu corazón.
g) Por último, disfrútalas siempre con toda tu familia.

¿Quieres que esta receta te dure para siempre?
Agrega a la mezcla anterior 2 cucharadas de comprensión y 300 gr. de comunicación.
(Se recomienda una ración diaria)

Es muy importante no omitir ningún ingrediente y seguir estrictamente el modo de preparación; pero más importante aún, es el no dejar de tomarlo.
Parte 1.-En esta ocasión quiero comentar a ustedes lo siguiente: Hace muchos años, cerca de cuarenta, en una de las papelerías más popular de Apizaco, “La Cultura”, dentro del mostrador, en el espacio donde estaban las plumas fuente, los bolígrafos y los lapiceros, uno de estos últimos llamo mi atención; daba la impresión de estar oxidado y en medio de los otros, dorados y plateados, se veía poco atractivo.
Por alguna extraña razón lo compre; el precio era una ganga. Lo lleve a casa y lo abandone por algún lado. Pasado el tiempo me acorde de mi rara adquisición y lo busque. Se me ocurrió limpiarlo con brazo, un limpia metales con una muy buena reputación para abrillantar diversos objetos.
Para mi enorme sorpresa, su aspecto herrumbroso se transformo en un brillo dorado, al revisarlo bien, llevaba gravado una inscripción que decía chapa de 18 quilates.

Parte 2.- Este fin de semana, en una plática que me invitaron a dar en la ciudad de Oriental, Pue., con motivo del Día Internacional de la Diabetes, entre los asistentes estaba una persona a quien reconocí. Al terminar la plática la invite a que nos narrara su experiencia a lo cual accedió.
Comenzó su relato: “…hace como 15 años se me diagnostico la diabetes, en mis resultados de laboratorio saqué 280 de azúcar. Sentí que me moría de tristeza. Llore mucho. Me sentía culpable por no cuidarme. Casi no comía, no tenía ganas de seguir viviendo. Así pasaron dos semanas.
Una de mis hijas me dijo que en Huamantla había un lugar donde se reunían personas que también tenían diabetes, que les daban pláticas sobre cómo cuidarse, y como alimentarse. Además hacían ejercicio. Las reuniones eran cada ocho días. Me entro curiosidad y decidí ir, total que podía perder.
Por un tiempo me desplazaba a Huamantla; después, el ejercicio lo realizaba en casa. Mi alimentación cambio por completo. Deje el refresco, las pastas, tortillas; lo que me costó más trabajo fue dejar el pan, ya que me gusta mucho. Mi siguiente resultado del azúcar fue más bajo, el médico que dijo que ya estaba normal. Nunca tome medicina para la diabetes, ni la tomo ahora. Mis cifras ya son normales”.

Parte 3.- Esta última historia se integra a las anteriores para concluir con la moraleja.
Eran dos hermanos de edad ya madura que tenían un taller de reparación de sombreros. Vivian solos. Uno de ellos, al parecer un poco mayor de edad, era el que casi siempre estaba en el taller, lavando, cosiendo o planchando los sombreros de lana o los sombreros de gala de charro.
El otro hermano, muy pocas veces estaba en el taller; más bien el era un poco bohemio. Tenía muchos amigos con los que pasaba una buena parte del tiempo jugando a las cartas en la cantina. Era lo que se decía un tahúr. Muy hábil con la baraja; hacia muchos trucos con las cartas y las barajaba de una manera increíble.
Para desgracia del hermano que trabajaba en la sombrerería, un desafortunado día sufrió un accidente vascular cerebral y quedo con una parálisis lateral de pierna y brazo, lo que los médicos llaman hemiplejia. En estas condiciones le era imposible volver a sus actividades normales. Tenía que depender de alguien.
Y sucedió lo inesperado, el hermano que pasaba la mayor parte de su tiempo con los amigos y en la vagancia, se dedico con a la atención de su hermano. Asumió la responsabilidad del taller y cambio su actitud. Salía a pasear con su hermano llevándolo del brazo y lo atendía con paciencia y amor.

¿Cuál es la moraleja de estos relatos? La enseñanza que nos dejan estos relatos es que todos tenemos en nuestra esencia “algo”, un don divino o no sé cómo llamarlo, en el cual residen muchas características fantásticas que se manifiestan en raras ocasiones o muy frecuentemente en algunas personas.
Esas características especiales son: honestidad, valor, responsabilidad, coraje, entereza, compasión, solidaridad, empatía, sacrificio, fuerza de voluntad, etc. Todos estos y más se nos ha dado; algunas personas los tienen muy ocultos y cuesta trabajo que salgan a flote. Otros los llevan a flor de piel, y otros los llevan sobre ellos, como una aureola o un espíritu santo.
En el caso del lapicero con apariencia de oxidado basto con pulirlo levemente para que aflorara su apariencia; dorada y brillante. Con la persona del relato 2, ella tomo la responsabilidad de su salud en sus manos, ajusto sus actividades dándole espacio a esta nueva situación de su vida; y haciendo un sacrificio tuvo que desplazarse a otro lugar con el fin de encontrar lo que pensó le haría controlar su enfermedad.
En el relato de la parte 3, el hermano que aparentemente no era responsable, asumió de la mejor manera su papel de ser el responsable de sus obligaciones laborales, y sobre todo, asumir la responsabilidad de su hermano, mostrando así un bello ejemplo de amor fraterno.
Por desgracia, son muchos los casos en los que he sido testigo de que el paciente, una vez que recibe su diagnostico de diabetes se derrumba, lo que es comprensible, ya esta enfermedad es muy complicada. Ojala pudieran buscar en su interior y sacar ese don divino que nos ha dado Dios y se den la oportunidad de demostrar que vale la pena luchar, porque la diabetes respeta mucho al guerrero que no se amedrenta y le hace frente.
Aparentemente su tratamiento es sencillo, basta tomar sus medicamentos y ya. No es tan fácil.
La Asociación Mexicana de Diabetes de Tlaxcala, A.C. le invita a participar en su grupo se autocontrol, para mayor información acudir a Guerrero Nte. 109; llame al teléfono 47 211 54 o 47 211 75
Para cualquier aclaración, dudas, comentarios o sugerencias por favor dirigirse a: diabtlax@hotmail.com

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