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“El rincón filosófico”


Por: Mtra. Ana karen Monserrat Rojas Cuautle.
Licenciada y maestra en filosofía. Ha publicado en revistas regionales y nacionales artículos de investigación filosófica. Ha participado en congresos nacionales e internacionales. Realizó una estancia de investigación en la Universidad Pontificia de Comillas Madrid, España. Autora del libro: El camino a la distinción real cartesiana.
La otra ciudad de las luces (parte I)
Son las 5 de la tarde y aún así la luna se apodera del cielo cosmopolita de París, quedamos arropados por las estrellas, cuya luz natural es opacada por el brillo artificial de las lámparas, los brillantes escaparates, los cegadores anuncios de neón. Me encuentro en una de las avenidas más bellas del mundo, el Boulevard de los Champs Elysées de la capital francesa, que comienza el Arc du Triomphe y termina en la Place de la Concorde. Recorro a pie sus casi dos kilómetros para atrapar con la mirada cada uno de los detalles de esa hermosa avenida y así, posteriormente en la pasividad de la vejez, recordar con fidelidad mi primera visita a París.
La capital francesa guarda en cada uno de sus rincones un sinfín de historias que no son sólo suyas, sino que competen a todo el mundo. En este lugar nacieron los principios de los derechos humanos con el lema que caracterizó a la Revolución Francesa (aniversario que festejamos hace algunos días, el 14 de julio) “Liberté, Egalité, Fraternité”. Asimismo, los aportes filosóficos de pensadores franceses como Descartes, Montesquieu, Rousseau, Sartre, Weil, cambiaron el rumbo de la historia y de la misma filosofía. En el ámbito literario tenemos al magnífico Víctor Hugo y las apasionantes historias de Alejandro Dumas. En el arte, Francia nos ha heredado el estilo gótico, el rococó, el neoclasicismo francés y cómo no mencionarlo, la increíble voz de Edith Piaf. Sin lugar a dudas podemos afirmar que la deuda de nuestra cultura, mezcla de Occidente y nuestras antiguas civilizaciones, es enorme.
Después del extenuante paseo me siento en un café para que el cuerpo descanse un poco mientras el alma se extasía con la cultura parisina; en estos establecimientos las mesitas fuera del local tienen sillas que miran hacia la calle para que el comensal observe el caminar de la vida parisina ‘como en una película’. A lo lejos, La Tour Effiel y sus 325 metros de altura brillan con gran intensidad, grabo en la mente y el corazón esta bella postal. Al tiempo, recuerdo inevitablemente que la luz trae consigo la oscuridad, me vienen a la mente las desgarradoras historias que narró Víctor Hugo en su obra cumbre Les Misérables, seguramente vagarán por estas hermosas calles almas como la de Jean Valjean, Fantine o Cosette víctimas de la justicia que en aras del progreso suele sacrificar a los más débiles.
La ciudad de las luces, llamada así por ser uno de los primeros lugares con energía eléctrica, es una ciudad de ensueño. Ideal para la luna de miel, estancias de investigación académica, viaje en solitario o paseo familiar. París nos ofrece belleza, historia, arte, poesía en cada uno de sus edificios, plazas, bulevares, la calidad de sus habitantes te acobija y la delicia de su gastronomía seduce hasta los paladares más exigentes; es el destino turístico obligado de aquel que atraviesa el Atlántico y desea regresar a su país con un espíritu distinto. Sin embargo París no es la única ciudad de las luces que conozco, existe en México una pequeña ciudad que irradia magia, arte y poesía en una noche de agosto.