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#SALTILLO, artesanía que #no muere

Para doña Porfiria Cahuantzi Cahuantzi tejer sarapes dejó de ser, desde hace mucho tiempo, un negocio para el sustento familiar.

La carestía de los materiales, la competencia, la introducción de productos chinos y la baja en los precios orilló a su familia a conservar la artesanía únicamente como tradición.

El amor por el tejido de una de las prendas más representativas de México -oficio enseñado por su esposo- y el cariño por los telares que pelean contra los textiles refinados, motivaron a doña Porfiria a enseñar a sus hijas el uso y la técnica del tejido, para que esa artesanía no muera.

En su casa, donde todavía conserva un telar, relató que desde 1969 se dedica al tejido de los sarapes conocidos como saltillos.

Indicó que fue en esa fecha cuando se mudó a Contla, junto con su esposo, e iniciaron con el negocio familiar en el que tejían saltillos, tapetes, grequillas y tarascos, aunque actualmente lo único que elaboran es el saltillo de diversas medidas, pero el “setenta” es el más redituable.

Recordó que en ese entonces llevaban a cabo todo el proceso de tejido, desde pintar la tela, hacer el mogote y las madejas hasta empalarlo, pero rememora que su esposo hacía el telar y también lo echaba a andar.

Además de su elaboración, el matrimonio los ofrecía en ciudades de Jalisco y Veracruz, pero al llegar la competencia se vieron obligados a bajar los precios hasta que optaron por dedicarse únicamente a la venta local, en Tlaxcala.

Saltillo

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