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Tres orejas en la noche mágica de #Huamantla

Ayer, más que nunca tuvo aroma a flores, a incienso, a puro, a efluvios de arte. En el aire flotó y vibró el nerviosismo y la emoción de dos tradiciones arrigadas en el alma del pueblo mexicano: la religión y la tauromaquia. Por ello, en las primeras horas y hasta el caer de la tarde, contó con el reposo y la quietud para realizar el sorteo del encierro que se lidió por la noche en la plaza La Taurina-Fernnando de los Reyes.

El “Callao” que celebró su primer centenario de vida al son del tañir de las añejas campanas que llamaron a los feligreses a acudir a las primera misas en la Basílica de la Caridad. Resulta imposible separar una actividad de otra ya que están hermnadas desde el confín de los tiempos y como año cumplieron con su cita inamovible del 14 de agosto; la Noche que Nadie Duerme en Huamantla.

El coso estuvo repleto, en silencio, únicamente la luz temblorosa de cada vela en las manos de los aficionados que consiguieron entrar a este recinto: templo del toreo, iluminó levente el ruedo, ante la inminente llegada de la Virgen de la Caridad que estrenando vestido y manto, iba a partir plaza. Noche iluminada.

El ruido de la puerta de cuadrilla hace que se aceleren los latidos del corazón y que se sientan desde la sien hasta el abdomen.

Todos son uno y se estrenece el alma. Los más sensibles dejan escapar alguna lágrima.

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