
Aprendizaje a lo largo de la vida, es el concepto que busca integrar aprendizaje y vida. Comprende las actividades para las personas de todas las edades. Lo cual se olvida en la Ley General de Educación y en la de Educación Superior.
La propia Ley de Derechos de las Personas Mayores ordena la incorporación de “conocimientos relacionados con las personas adultas mayores”. Pero no define servicios específicos hacia ellos. Como si la “información actualizada sobre el tema del envejecimiento y las personas adultas mayores” automáticamente se convirtiera en atención.
La mayor parte de los servicios dirigidos a esta población están orientados al entretenimiento u ocupación del tiempo libre, pero no al desarrollo de capacidades. Como si solo quedara un sistema de mantenimiento para la vida y el aprendizaje.
Cuando los integrantes de una comunidad educativa, particularmente de educación superior, se encuentran en los pasillos o en las aulas a una persona mayor, automáticamente la discriminan.
Hay miedo en ver a los viejos y viejas aprendiendo, porque la cultura privilegia la visión de la juventud. Los jóvenes están convencidos que los sistemas digitales de información sustituyen el conocimiento y la sabiduría.
Hoy se realiza la consulta pública, sin que haya habido convocatoria pública, sobre la educación superior. Esta propuesta incluye como un principio: “La promoción y el respeto, en forma irrestricta, de la dignidad de las personas, con un enfoque de derechos humanos, equidad de género, igualdad sustantiva y no discriminación”.
Sin embargo, lo más seguro es que no haya una sola mención a la necesidad de abrir las instituciones de educación superior a la población que va más allá del grupo de 19–24 años.
De ahí lo trascendente de la experiencia desarrollada por la Facultad de Ciencias para el Desarrollo Humano de la Universidad Autónoma de Tlaxcala, al crear la Universidad para/con Personas Mayores.
